miércoles, 9 de marzo de 2016

Restauración de la Mare de Déu dels Desamparats de Burriana (Castellón).

Hace poco se presentó en Burriana (Castellón), en la parroquia que la venera como Titular, la restauración de la Imagen de la Virgen de los Desamparados. La talla, obra de Efraín Gómez de 1982, ha sido objeto de un proceso de intervención que ha durado dos meses. Es una talla completa sobre madera, dorada, estofada y policromada, de 150 centímetros de alto.  Cabe añadir que la corona y ráfaga que lleva, de orfebrería, le otorgan una altura total cercana a los 180 cm. En ocasiones se reviste con mantos de seda y peluca de pelo natural.




Mucho, muchísimo, podríamos hablar de esta iconografía mariana. Pero no va a ser el caso. Es muy conocida y extendida su devoción, tanto en la geografía nacional como en otros puntos del mundo. Bastará, pues, con apuntar genéricamente que se trata de una representación de la Virgen María con el Niño Jesús en los brazos. Lleva dos infantes a los pies, representando a los Santos Inocentes muertos a manos de los soldados en la persecución de Herodes (simbolizando, al mismo tiempo, los Inocentes, Mártires y Desamparados que pusieron bajo la protección de la Virgen al iniciarse la Cofradía en el siglo XIV). La Virgen porta en su mano derecha un ramillete de azucenas, y el Niño una cruz en la misma mano. Es Patrona de la Ciudad de Valencia y la Comunitat Valenciana.

La talla presentaba un deficiente estado de conservación. Tenía grietas y fisuras que procedían de la obertura de los ensambles del embón de madera que forma la efigie. El dorado estaba rozado y erosionado, al igual que la policromía de las carnaciones por el roce con los aditamentos tipo tejidos y joyas que adornan la Imagen, así como el tacto de los devotos. Estaba cubierta por una capa de suciedad propia del paso del tiempo y el culto a la Imagen.





                                                               













El soporte se encontraba en buenas condiciones, salvo por las fisuras y grietas que procedían de la obertura de los ensambles de los listones que conforman la talla. Las grietas y fisuras no eran estructurales ni presentaban peligro para la estabilidad e integridad física de la madera. Pero sí suponían un deterioro importante, sobretodo estético, si no se estabilizaban y sellaban correctamente. De lo contrario, podrían crecer y abrir en mayor magnitud, llegando a zonas visiblemente importantes de la talla como los rostros de la Virgen, el Niño o los Infantes. La mano de la Virgen tiene clavadas dos puntillas que, puesto que se encontraban en buen estado y no presentaban oxidación, se decidieron mantener. En la parte inferior interna del manto presentaba unas perforaciones agrupadas en pareja, siendo seis por cada lado. Se debían a que, de forma poco adecuada, se sujetó aquí la estructura o pollero utilizado para revestir la Imagen con manto de tela natural, que iba anclado además a la pletina que sujetaba la aureola. Éstos agujeros eran perjudiciales para la Imagen, pues suponían un foco de entrada de suciedad, insectos y bacterias al interior de la talla, peligrando su integridad estructural.

La capa de dorado y policromía presentaba grietas y descamaciones del dorado, ocasionando problemas de consolidación y pulverulencia. Esto provocaba lagunas y faltantes de metal, con la consecuente falta de esgrafiado y temple. El oro estaba erosionado por el roce y manipulación de la Imagen.
El metal se encontraba apagado por la capa de suciedad que sobre él se ha ido depositando con el paso del tiempo.





En cuanto a la policromía encontramos pernos y cáncamos en los que se sujetan los aditamentos que se superponen a la talla y erosionan la policromía, como el aderezo de joyas que luce. En las manos de la Virgen, el Niño, manos y brazos de los infantes había erosiones y rozaduras causadas por la misma razón, así como por los distintos actos de besamanos y otros desgastes propios de una Imagen Devocional al entrar en contacto directo con los devotos. Todo el pelo estaba repleto de zonas desgastadas y erosionadas, producidas también por el roce. Encontrábamos un inadecuado sistema de agarre del ramillete de azucenas de orfebrería, pues atravesaba la mano, a la altura de la unión del pulgar e índice, con un alambre; y se aseguraba además con un tornillo clavado en el dedo pulgar de la Virgen.




El proceso de intervención empezó por una limpieza superficial. A continuación, fue necesario empezar con la limpieza físico-química de la talla, puesto que la suciedad quedaba más adherida si se consolidaban las partes debilitadas. Empezamos trabajando sobre las zonas de oro, limpiando con alcohol. Terminada la limpieza en todas las zonas de oro, se inició el proceso en la parte de color liso del manto de la Virgen. Se realizó una primera fase de limpieza con agua destilada y jabón de pH neutro a baja proporción. La segunda fase, de mayor profundización, se realizó con una mezcla de agua y alcohol a la que se añadió jabón neutro. En esta zona fue visualmente impactante comprobar el nivel de suciedad que tenía la talla, como observamos en la secuencia de imágenes que presentamos a continuación.



    



    


La última parte del proceso de limpieza, consistió en la eliminación de la suciedad de las carnaciones. Para ello se realizó una primera limpieza con agua destilada y jabón neutro a baja proporción. La segunda se acometió con disolvente aromático y jabón neutro. Se igualó la limpieza y se eliminaron manchas más profundas.


                  


Terminado todo el proceso de limpieza, empezamos con en tratamiento del soporte mediante la consolidación. Para ello, inyectamos una dispersión acuosa de resina acrílica, rebajada en agua destilada.





Realizada la primera fase de consolidación, se aplicó un barniz protectivo a la Imagen. Se realizó con barniz mate, rebajado en disolvente, y aplicado a brocha.
El siguiente punto fue devolver la integridad estructural a la talla, sellando grietas y reintegrando faltantes con resina epoxídica bi-componente para madera. Se sellaron los agujeros en la parte interna del manto, faltantes en la mano y zonas del pelo de la Imagen. En las grietas, en cambio se optó primero por un chuleteado de madera, pues algunas eran muy finas como para asegurar una correcta penetración de la resina. Para ello, se escogió una madera blanda de pino para que no crease tensiones con la materia original de la Imagen.

Terminado el proceso de reintegración volumétrica, iniciamos el estucado, usando para ello un estuco sintético comercial. Se aplicó una primera mano a pincel sobre las lagunas, ligeramente diluida en agua, para asegurar una correcta impregnación sobre el faltante. Una vez seca, se aplicaron sucesivos estratos hasta conseguir el espesor deseado. Terminamos el proceso con el enrasado y texturizado de las lagunas.




                    

Finalmente, procedimos a la reintegración cromática. Una primera capa se aplicó con témperas al agua que, tras el barnizado de saturación, se retocaron mediante pigmentos al barniz. Se utilizó, según la dimensión de la laguna, el puntillismo para las menores, y el rigatino para las de mayor tamaño. Con el barnizado final protectivo, aplicado a spray, terminamos la intervención.



                  

El último paso fue crear unas almohadillas aislantes con caucho para las coronas y el resto de preseas de orfebrería, para evitar roces y erosiones sobre la policromía. También se corrigió el pollero y los aditamentos con que se reviste la Imagen para, además de asegurar una más correcta y fácil colocación, asegurar que no desestabilizan ni dañan la integridad de la Virgen.



                 


                                                     




Desde aquí agradecer la confianza depositada en mi persona y mi trabajo por la parroquia y la Cofradía de la Virgen para realizar esta intervención, tan profundamente satisfactoria.