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Cristo Crucifado. Parroquia Virgen de los Desamparados de Burriana.

Hacemos ahora un pequeño salto en el tiempo, remontándonos ahora hace justo un año, para recordar una intervención realizada a una escultura de estuco de Cristo Crucificado, en la Parroquia de la Virgen de los Desamparados de Burriana (Castellón). La Imagen es utilizada frecuentemente en Cuaresma para presidir el  rezo del Vía Crucis, siendo llevado por los fieles.
Es de los talleres de imaginería seriada olotinos, lo cual podemos afirmar por tradición oral, ya que la efigie carece del sello de producción.


Estado inicial.

La efigie, de aproximadamente un metro de altura (sin contar la cruz), presentaba pequeñas zonas de desprendimientos, así como grietas, descohesiones y roturas que debilitaban estructuralmente la obra. 
También la cruz, creada posteriormente (no es la original que traía consigo la pieza) a partir de dos troncos de madera de pino, presentaba grietas y aberturas de la madera. Ésto se debe a que se realizó con una madera que no siguió un correcto tiempo y proceso de secado antes de ser utilizada.

                    

Detalles del estado de conservación.


Además de los problemas estructurales, la obra estaba oscurecida y con una capa de suciedad que amarilleaba el aspecto de la policromía. En zonas de mayor contacto con los fieles, tales como rodillas, pies o manos, el Cristo presentaba desgaste y erosión de la capa pictórica, además de la rotura de un dedo de la mano izquierda. En la corona de espinas existían varios faltantes de soporte. Los regueros de sangre estaban especialmente deteriorados, puesto que las poco respetuosas limpiezas que sufría la obra a modo de mantenimiento terminaron por erosionar toda la coloración rojiza. Muchas partes estaban prácticamente perdidas, no permitiendo su correcta lectura visual.




Detalles del estado de conservación.

Se realizaron unas pequeñas catas de limpieza en el costado de la cadera del Cristo y en el sudario, para comprobar el nivel de suciedad presente así como su naturaleza, siendo generalmente de tipo grasa (derivado seguramente del culto: humo de velas, manipulación con las manos, salidas a la calle, etcétera).

El primer y más necesario punto de actuación era reforzar interiormente las zonas agrietadas, especialmente ambos brazos. A través de las roturas se podía observar la estopa utilizada para unir las piezas una vez sacadas del molde en la construcción de la pieza. Dicha estopa, al perder la capa superior de estuco, había perdido también fuerza y estabilidad. Se realizaron, pues, inyecciones sobre estas piezas de estopa utilizando una resina  sintética de tipo acrílico en dispersión acuosa. También se realizó esta acción en las grietas de menor tamaño de la cruz. Las mayores fueron primero niveladas con resina epoxídica especial para madera, de marca Araldit SV 427 - HV 427, para posteriormente cerrarse con un chuleteado de madera de pino.

              

Consolidación por inyección y chuleteado.

Una vez reforzado todo el soporte, con el Cristo retirado de la cruz, se procedió a la limpieza fisico-química de la obra. Se utilizó una disolución acuosa de jabón neutro a baja proporción, la suficiente para que actuase de detergente sobre el estrato graso de suciedad que permitiese su remoción con hisopos. En algunas zonas había pequeñas concreciones y deyecciones de insectos que se retiraron mecánicamente a punta de bisturí.



Proceso de limpieza.


Una vez terminada la limpieza, se realizó un primer barnizado a modo de estrato intermedio con dos motivos: permitir saturar los colores de la policromía tras la limpieza, que eliminasen posibles pasmados; y crear un estrato protectivo ante las posteriores acciones restauradoras (estucado y reintegración). Así, la materia original siempre queda protegida y envuelta bajo una fina capa de barniz sobre la que se aplican los procesos reintegrativos. 

Los faltantes se realizaron con estuco, debido a su poco espesor. En la corona de espinas, dedo faltante y zonas de mayor profundidad, se utilizó una masilla bicomponente de tipo epoxídico.

Tras ello, se estucaron los faltantes y lagunas, así como las grietas de mayor visibilidad, para posteriormente nivelarlas y reintegrarlas. La primera mano de color se aplicó utilizando acuarelas que, tras un primer barnizado a spray, se matizaron con colores al barniz Maimeri. Los regueros de sangre se reintegraron en sobre la penúltima capa de barniz, aplicados íntegramente con veladuras de barniz coloreado. Finalmente, se protegió toda la obra con un barniz satinado aplicado en spray. 

El criterio de reintegración fue mimético, ya que las lagunas eran extremandamente pequeñas. En las grietas de mayor tamaño, en cambio, se utilizó la tinta plana, tanto en la efigie como en las reintegraciones de la madera de la cruz.







Resultado tras la intervención.


                   
Comparativa antes y después del proceso de restauración.


La Imagen se repuso al culto el 19 de febrero de 2016, viernes, para presidir el Vía Crucis celebrado dicho día en la parroquia.


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